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A Monarquia Espanhola

Notícias, informações, fotos e história da monarquia espanhola e a família real.

A Monarquia Espanhola

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Palácio Real de Aranjuez

18.11.14, Blog Real

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Aranjuez fue desde la conquista cristiana propiedad de la Orden de Santiago, cuyos grandes maestres tenían aquí un palacio en el emplazamiento del actual. Cuando los Reyes Católicos adscribieron al soberano el papel de gran maestre de Santiago, Aranjuez quedó incorporado a la Corona. Esta fértil vega en la confluencia del Tajo y del Jarama, se convirtió en la residencia campestre por excelencia de los Reyes españoles: en la cultura española del Siglo de Oro decir Aranjuez significaba la perfección de la naturaleza, ordenada por el hombre, como El Escorial lo era del arte.Palacio de Aranjuez (20).jpg

Tal excelencia fue apoyada por el artificio renacentista, pues Carlos V ya quiso hacer de este heredamiento una gran villa de inspiración italiana, designio continuado por Felipe II, que encargó a Juan Bautista de Toledo el trazado de las calles arboladas que ordenan el territorio dedicado a jardines y cultivos. Las presas llevadas a cabo en el siglo XVI regulaban el curso del Tajo y permitían regar los terrenos mediante canales.

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Los Borbones no dejaron de desarrollar el esplendor del Sitio, donde pasaban toda la primavera desde semana santa hasta julio. Felipe V dispuso nuevos jardines, y Fernando VI el trazado de más calles arboladas y nueva población que alcanzó su completo desarrollo bajo Carlos III y Carlos IV. Como Fernando VII e Isabel II continuaron visitando Aranjuez durante la “Jornada” primaveral, el esplendor regio del Sitio se mantuvo hasta 1870.

El Palacio Real, construido por Felipe II sobre el emplazamiento del antiguo palacio de los maestres de Santiago, debe su arquitectura a Juan Bautista de Toledo –que lo inició en 1564- y a Juan de Herrera, quien sólo llegó a terminar una mitad. Aunque lleno de rasgos originales en su planteamiento, el edificio resulta característico del clasicismo de los Austrias con alternancia de piedra blanca y ladrillo. El plan original fue continuado por Felipe V en 1715, pero no terminado hasta 1752 por Fernando VI. En la forma regular que Juan Bautista de Toledo había concebido, y que había tardado dos siglos en terminarse, el palacio sólo se mantuvo veinte años, pues en 1775 Carlos III mandó añadir dos alas.

Real Casa del Labrador

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Carlos IV, siendo Príncipe de Asturias, utilizó como casa de recreo los pabellones del embarcadero de Fernando VI y creó en torno el Jardín del Príncipe. Cuando ascendió al trono decidió realizar al extremo opuesto de estos jardines una nueva casa de campo, llamada del Labrador por su exterior inicialmente modesto pero que desde el principio estaba destinado a contrastar con la magnificencia de su interior. Fue construida por el arquitecto mayor Juan de Villanueva y su discípulo Isidro González Velázquez, a quien se deben algunos de sus interiores.

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Estos, elaborados en diversas fases hasta 1808, constituyen la obra cumbre de la suntuosa decoración interior encargada por este monarca en sus palacios y casas de campo. Destaca en este conjunto la integración entre las diferentes artes y el lujo de los textiles, en particular las sederías de Lyon, así como la plena conservación de todos sus elementos en la planta principal, donde Fernando VII introdujo ciertas piezas y algunas vistas de Brambilla.

Jardines del Rey, de la Isla, del Parterre y del Príncipe

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Felipe II, gran amante de los jardines, puso especial empeño en Aranjuez: de su época se conservan el Jardín de la Isla, trazado por el arquitecto Juan Bautista de Toledo, y el del Rey inmediato al palacio y cuya decoración actual se debe a Felipe IV. También en la Isla, la mayor parte de las fuentes se deben a Felipe IV si bien los Borbones continuaron enriqueciéndolo con detalles como los bancos de Carlos III.

Felipe V añadió a los jardines existentes dos nuevos trazados a la francesa: el Parterre ante el palacio y el extremo al final del Jardín de la Isla, llamado la Isleta, donde instaló la Fuente de los Tritones que Isabel II hizo llevar al Campo del Moro.

El Jardín del Príncipe debe su nombre y su creación al hijo y heredero de Carlos III quien en la década de 1770 empezó a utilizar el antiguo embarcadero de Fernando VI como pabellón de recreo y a desarrollar entorno un jardín paisajista a la moda anglofrancesa con influencia directa de los jardines de María Antonieta en el Petit Trianon. Colaboraron aquí Juan de Villanueva y Pablo Boutelou.

Palácio de La Granja de San Ildefonso

18.11.14, Blog Real

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Felipe V creó este Real Sitio como una obra personal y completamente nueva con el fin de retirarse, y en efecto, abdicó en 1724, pero en agosto de aquel mismo año hubo de ceñir de nuevo la corona debido a la muerte de su hijo Luis I. A partir de entonces este retiro constituyó su palacio favorito y residencia estival, uso que continuó hasta el reinado de Alfonso XIII.

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Ya los reyes castellanos medievales utilizaban los pinares de Segovia como cazadero y tuvieron varios palacios en estos parajes, entre ellos el de Valsaín, reedificado por Carlos V y Felipe II pero que se incendió en 1683.

Felipe V escogió para su nuevo real sitio, cercano a Valsaín pero de nueva planta, la granja que los jerónimos del Parral (Segovia) tenían aquí y que les compró en 1720.

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Encargó las obras del palacio a Teodoro Ardemans y las del jardín a René Carlier. El estilo español tradicional del primer arquitecto contrastaba con el radicalmente francés del segundo, discípulo del arquitecto de Luis XIV. Las obras avanzaron con gran rapidez, de modo que estaban concluidas en lo esencial a principios de 1724 y los reyes pudieron instalarse aquí en 1723.

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Tras su vuelta al trono, Felipe V encargó ampliar tanto los jardines como el palacio, éste a cargo del arquitecto romano Andrea Procaccini.

Cuando en 1736 el arquitecto Filippo Juvarra vino a España, los reyes le encargaron una nueva fachada en el eje central del jardín, terminada ya por su discípulo Giambattista Sacchetti. El conjunto arquitectónico del palacio resulta muy italiano y de una gran densidad debido a todas estas fases construidas en tan poco tiempo.
El elemento central del edificio es la capilla real o Colegiata, construida por Ardemans y redecorada por Francisco Sabatini bajo Carlos III. Inmediato al altar mayor está el panteón real donde reposan Felipe V y su segunda esposa, Isabel de Farnesio.04.jpgAunque el palacio sufrió un devastador incendio en 1918 conserva aún casi todas las decoraciones al fresco de la época de Felipe V, destacando el dormitorio de los soberanos, según diseños de Juvarra y con pinturas de Panini.

Tan relevantes como el palacio eran para Felipe V los jardines, donde puso grandísimo empeño en el conjunto de las fuentes, de gran interés a nivel europeo, tanto por la amplitud y estado de conservación del sistema hidráulico original, aún hoy en funcionamiento, como por la ornamentación escultórica realizada por artistas franceses que habían trabajado en los palacios de Luis XIV, sobre todo en Marly. Desaparecido el Marly de Luis XIV, es La Granja el principal ejemplo de este tipo de jardín formal a la francesa con riquísima decoración escultórica.

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La mayor parte de los edificios para el séquito y la urbanización del pueblo se deben a Carlos III y en su mayor parte fueron vendidos en el Sexenio Revolucionario o transferidos luego a otras entidades; cabe destacar la Fábrica de Cristales y la Casa de Infantes, pero continúan formando parte del conjunto palatino las casas de Oficios, Canónigos y Caballerizas.

Los jardines

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El trazado de los jardines se debe al arquitecto francés René Carlier quien los dejó enteramente diseñados y en gran parte realizados antes de su temprana muerte en 1722. La ejecución de sus planes fue continuada bajo la dirección de los escultores René Fremin y Jean Thierry y del jardinero Esteban Boutelou, todos franceses, que consiguieron dar notable coherencia a este trazado formal característico del estilo final de Luis XIV y de la Regencia.

El jardín inicial consistía en la zona frente al palacio, hasta la calle de la Medianería, mientras que la zona de las Ocho Calles, era un pequeño parque de caza. Tras su vuelta al trono, Felipe V amplió el jardín incorporando a él las Ocho Calles y añadiendo luego más fuentes en esa área y sus inmediaciones, siendo la de Diana la última que encargó.

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Las fuentes, realizadas en plomo para ser pintadas imitando bronce y mármol, y las estatuas de mármol forman el conjunto escultórico  de mayor riqueza y el mejor conservado de su época. Fremin, Thierry y Bousseau dirigieron a un equipo de escultores que llevaron a cabo entre 1720 y 1745 este escenario animado por los espectaculares juegos de agua de las fuentes.

Palacio de La Almudaina

18.11.14, Blog Real

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El castillo real de la Almudaina se yergue en el punto de la ciudad de Mallorca donde constan asentamientos desde época romana y que ha sido la sede del poder en la isla posiblemente desde entonces.

Restos de la alcazaba árabe, sobre la que hay referencias de los siglos XII y XIII, pueden rastrearse aún en la forma del castillo actual.

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El castillo fue levantado a principios del siglo XIV entre 1305 y 1314 para Jaime II y floreció como sede de la corte de los reyes de Mallorca en la primera mitad de aquella centuria.

Sede de la Audiencia desde Felipe II, residencia del Virrey y del Capitán General, y centro administrativo del Real Patrimonio en la isla, la Almudaina es actualmente la residencia oficial de S.M. el Rey durante sus visitas a Mallorca.

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En el conjunto destaca la Capilla Real de Santa Ana, el Gran Salón o Tinell (dividido en dos niveles desde el siglo XVI para acomodar la audiencia) y el Palau del Rei. Fue objeto de importantes reformas por el arquitecto Bennazar a principios del siglo XX y de restauraciones en las décadas de 1960, 70 y 80.

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 Los reyes de España en la recepción en el Palacio de La Almudaina.

Palácio Real de El Pardo

18.11.14, Blog Real

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El monte del Pardo era apreciado como cazadero por los reyes de Castilla en el siglo XIV, y ya desde el XV existía aquí un pequeño castillo, edificado por Enrique III y Enrique IV en el emplazamiento del palacio actual.

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Carlos V ordenó su completa reedificación encargándosela a Luis de Vega, que realizó un pequeño alcázar tradicional español cuadrado con torres sobresalientes en las esquinas y todo rodeado por un foso, siguiendo el estilo plateresco castellano, como muestran la portada principal y las galerías del patio, donde los escudos y emblemas evocan al Emperador.

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El palacio fue terminado por Felipe II, que introduce aquí por primera vez las techumbres de pizarra a la flamenca, con altos caballetes y chapiteles, y que decora su interior al modo italiano con importantes frescos y con la galería de retratos, donde se reunían obras maestras de este género debidas a Tiziano, Antonio Moro y sus discípulos. Pero un incendio en 1604 destruyó completamente toda esa decoración salvo la sala de Gaspar Becerra en la torre suroeste.

Felipe III encargó la reedificación a Francisco de Mora e intentó mantener el espíritu de su padre con abundante decoración al fresco, destacando entre los conservados los techos de Carducho y Cajés.  A su vez, Felipe V alteró completamente el interior para poder albergar a toda la corte, puesto que vivía aquí tres meses de invierno.

Por el mismo motivo Carlos III ordenó ampliar esta residencia, encargando a Sabatini que duplicase el palacio existente haciendo un patio igual (Borbones) al que ya existía (Austrias) y con otro más pequeño en medio para el paso de las carrozas.

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Los Borbones, especialmente Felipe V y Carlos III, utilizaron este palacio sistemáticamente como residencia durante los meses de enero, febrero, marzo y parte de abril. De su uso invernal deriva el encargo de importantes series de tapices; bajo Carlos III, Goya, los Bayeu y otros pintores realizaron los modelos o cartones para estas tapicerías realizadas en la madrileña Real Fábrica de Santa Bárbara.

Carlos IV dejó de residir anualmente en El Pardo y mandó llevar a San Lorenzo de el Escorial varias series de paños que quedan desde entonces desunidas. Fernando VII volvió a decorar el palacio con otras tapicerías.

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En la actualidad se destina a la visita turística, así como a residencia de los Jefes de Estado extranjeros de visita oficial en España.

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 Felipe y Letizia en su petición de mano.

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Jardín de la Casita del Príncipe, Jardín de Palacio y Jardín y finca de La Quinta

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El jardín del Palacio del Pardo fue creado por Fernando VII, pues hasta entonces solo estaba ajardinado el foso que rodea el edificio, de lo que existen curiosas descripciones del siglo XVI.

La Quinta contiene el jardín aristocrático conservado más importante de la época de Felipe V, en un trazado formal influido por el estilo francés e italiano. Directa consecuencia de lo que Felipe V llevaba a cabo en La Granja, fue realizado para su Caballerizo Mayor, duque del Arco.

El Jardín del Príncipe es característico del jardín neoclásico español al estilo formal italiano, en terrazas divididas con recuadros.

Palacio de la Zarzuela

18.11.14, Blog Real

En el siglo XVII, Felipe IV mandó edificar en el lugar llamado la Zarzuela, del monte de El Pardo, junto a Madrid, un palacete campestre o refugio de caza. Su traza, original de los arquitectos reales Gómez de Mora y Carbonell, representantes del primer y sobrio barroco madrileño, constaba de un edificio rectangular, con cubiertas de pizarra y flanqueado por dos galerías porticadas, y su principal atractivo era el jardín a la italiana, con fuentes escalonadas en tres terrazas, y una huerta y un vivero de árboles.

El palacio dió nombre a las obras teatrales con recitado y canto que constituyen el género lírico específicamente español de la zarzuela. Las obras más antiguas de este carácter, con libreto de Calderón de la Barca, se representaron entre los años 1657 y 1660.

Carlos IV reedificó el edificio, conforme al gusto de la época, a fines del XVIII, y lo enriqueció con tapices, porcelanas y lámparas de las manufacturas reales, y con muebles y relojes, a los que era muy aficionado y de los que llegó a reunir una soberbia colección.

El palacio sufrió durante la guerra civil (1936-1939) daños importantes, que hicieron necesaria su restauración casi desde sus cimientos. El edificio actual, que respeta el espíritu de la traza original, fue construido para residencia del Príncipe Don Juan Carlos, y, por primera vez en su historia, acondicionado con los elementos y servicios necesarios para la vida y funciones oficiales del Heredero de la Corona.

Sus Majestades los Reyes habitan el palacio desde su matrimonio, en 1962. En su interior predominan la sencillez, la comodidad y los recuerdos familiares.

La Zarzuela, además de vivienda, es también lugar de trabajo donde los Reyes reciben a Jefes de Estado, celebran audiencias y, ocasionalmente, recepciones. En las zonas de recepción pueden admirarse muebles y objetos de las antiguas colecciones reales; en la Sala de Audiencias están los retratos que hizo Rubens de los fundadores del palacio, Felipe IV y su esposa, Isabel de Borbón.

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Capilla del Palacio de la Zarzuela

Pabellón del Príncipe:

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En el año 1999 comenzó la construcción del «Pabellón del Príncipe» a varios centenares de metros de la residencia principal. El responsable del proyecto fue Manuel del Río, director del Departamento de arquitectura e inmuebles de Patrimonio Nacional, y la decoración del interior la realizaron los decoradores Francisco Muñoz la segunda planta, Patricia Sanchís la primera y ambos con la ayuda de la firma Gastón y Daniela. El chalet posee chimenea francesa, grandes ventanales, muros entelados y estucados en liso, mármol travertino y madera de teka para los cuartos de baño y acero inoxidable para la cocina. Para su construcción, a diferencia de lo habitual en las residencias reales españolas, se ha usado teja en lugar de pizarra. El 26 de junio de 2002 el entonces príncipe Felipe inauguró su casa, en la que se invirtieron 4,23 millones de euros y que cuenta con una superficie de 3.150 m².

Palácio Real de Madrid

18.11.14, Blog Real

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El Palacio Real se asienta sobre el solar del antiguo Alcázar de Madrid, fortaleza medieval convertida en suntuoso palacio por Juan II, Carlos V y Felipe II, que lo convirtió desde 1561 en la residencia oficial de los reyes de España. El Alcázar, decorado espléndidamente por Felipe II y Felipe IV para cuya tarea  empleó a Velázquez, fue destruido por un incendio en la Nochebuena de 1734.

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Felipe V decidió construir entonces el nuevo Palacio Real, empleando al mejor arquitecto europeo de su tiempo, Filippo Juvarra. Cuando este murió en 1736 fue su discípulo Giambattista Sacchetti quien se encargó de realizar una adaptación de su grandioso proyecto. Todo el edificio está formado por bóvedas sin madera en la estructura y con muchas plantas, para que tuvieran cabida todas las oficinas del gobierno, los oficios de la Real Casa y los servidores.

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La primera piedra se puso en 1738 y la construcción no se acabó hasta 1751, aunque hasta 1759 prosiguieron tanto la decoración escultórica del entorno como las “obras exteriores”, siempre bajo la dirección de Sacchetti. Sin embargo, la realización de su proyecto sufrió por continuos replanteamientos y fue alterada por Francisco Sabatini, arquitecto de Carlos III, el primer monarca que habitó en el Palacio Real donde se instaló en 1764.

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Carlos III, que ya contaba con Corrado Giaquinto como pintor de la Corte cuando llegó a Madrid en 1760, decidió llamar a los otros dos pintores de mayor fama en Italia –y por tanto en Europa- para la decoración de su residencia: el veneciano Giambattista Tiepolo y el alemán, de formación romana, Antonio Rafael Mengs, su primer pintor de cámara. La sucesión de frescos pintados por estos maestros en las principales salas, y por sus discípulos españoles en las demás, constituye una de las características más importantes de esta residencia donde Carlos III y Carlos IV vivían solo ocho semanas al año: en diciembre, Semana Santa y parte de julio.

El cuarto del rey Carlos III, que abarca los aposentos de este soberano ilustrado, conserva toda la decoración fija dirigida por Sabatini, uniforme en toda la planta principal: puertas y ventanas de caoba maciza; ricos mármoles españoles en embocaduras y frisos; estucos y frescos en las bóvedas. En el siglo XVIII, además, las paredes del palacio quedaban completamente cubiertas por los mejores cuadros de la Colección Real.

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El Salón del Trono y la Cámara llamada de Gasparini constituyen los conjuntos más representativos del gusto de Carlos III, apegado al estilo rococó en su versión italiana más exuberante. A Carlos IV se deben importantes conjuntos neoclásicos y piezas de mobiliario francés y a Fernando VII, la apabullante colección de arañas francesas en bronce y cristal. La última renovación decorativa a la que responde el estado histórico actual de la decoración se debe a Alfonso XII en 1879.

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A lo largo de la fachada de Oriente se extienden los aposentos de Carlos IV y María Luisa, donde han habitado los sucesivos soberanos hasta 1931. Estas salas son utilizadas habitualmente por S.M. el Rey para sus audiencias, pues el Palacio Real de Madrid continúa siendo la residencia oficial del Rey de España.

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La Real Armería, la más importante colección europea junto con la de Viena, ambas debidas a los Habsburgo, fue instalada junto al Alcázar por Felipe II y transferida al pabellón actual en 1891. También a Felipe II se debe la creación del Parque de Palacio, llamado Campo del Moro.palaciorealb_737x280.jpg

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Los jardines del Campo del Moro

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Una tradición romántica sobre la conquista cristiana de Madrid hace que se conozca popularmente como “Campo del Moro” el “parque de palacio”, creado por Felipe II cuando terminó el Alcázar e instaló la Corte en Madrid. Durante la construcción del Palacio Real en el siglo XVIII se idearon varios proyectos para sus jardines. José Napoleón mostró especial atención por este parque –ya que no podía desplazarse a los Reales Sitios- y encargó a Juan de Villanueva ordenar el jardín con paseos arbolados y unirlo a la Casa de Campo mediante un túnel y un puente, éste realizado ya por Isidro González Velázquez bajo Fernando VII.

Isabel II ordenó en 1843 la completa replantación del jardín según proyectos del arquitecto mayor Narciso Pascual y Colomer que seguían un trazado formal aún hoy perceptible. Muy descuidado durante el Sexenio revolucionario, la reina regente María Cristina de Habsburgo encargó a Ramón Oliva una reforma de tipo paisajista con paseos de trazado curvo que, ligeramente modificada tras la Guerra Civil, constituye el actual jardín histórico.

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Fonte: patrimonionacional.es

Títulos Reales: Príncipe de Asturias

17.11.14, Blog Real

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Príncipe de Asturias es el principal de los títulos que ostenta el heredero de la Corona española. En la actualidad es Su Alteza Real Dona Leonor de Borbón y Ortiz. Regulado por Real Decreto desde 1977 los títulos históricos de los herederos de los diferentes reinos hispanos son, en orden de rango, nobleza y honor:
 
  • Príncipe de Asturias como heredero de los Reinos de Castilla y de León con origen en 1388
  • Príncipe de Gerona como heredero del Reino de Aragón con origen en 1351
  • Príncipe de Viana como heredero del Reino de Navarra con origen en 1424
  • Duque de Montblanc como heredero del Principado de Cataluña con origen en 1387
  • Conde de Cervera como heredero del Reino de Valencia con origen en 1351
  • Señor de Balaguer como heredero del Reino de Mallorca con origen en 1413

17112594_nTVjJ.jpegLeonor, actual Princesa de Asturias

Origen del título
Los orígenes del Principado de Asturias se remontan a los primeros años del siglo XIV, cuando, en las llamadas Asturias de Oviedo, se constituyó el primer gran señorío nobiliario para don Rodrigo Alvarez, que pasó a llamarse don Rodrigo Álvarez de las Asturias (utilizando en ocasiones el apellido "Álvarez-Nava", como equivalente al "Álvarez de las Asturias", por proceder don Rodrigo del solar de Nava, villa del Principado de Asturias). Al morir sin sucesión, pasó a don Enrique de Trastámara que, a su vez, lo cedió a un hijo bastardo: Alonso Enríquez. Durante el reinado de Juan I, el conde de Noreña protagonizó una serie de revueltas que decidieron al Rey a confiscar el señorío e incorporarlo a la Corona.
 

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 Estandarte actual del Príncipe de Asturias

El título lo introdujo la reina Leonor de Inglaterra (casada con Fernando II de León, siglo XII), tal y como se usaba en este país con el título de Príncipe de Gales. Sus hijos, Sancho y Fernando fueron los primeros hijos de reyes en ostentar dicho título. Esta decisión de convertido en realengo, la confirmó dos años más tarde, en 1385, en su testamento. En 1388, a raíz del matrimonio acordado entre el Rey y el duque de Lancaster para sus respectivos hijos, Don Enrique de Castilla y doña Catalina, para poner así fin a las pretensiones de los Lancaster a la corona de Castilla (como descendientes de Pedro I), se decidió (acuerdo de Bayona) que, así como en Francia los primogénitos de los reyes eran titulados Delfines y en Inglaterra Príncipes de Gales, en Castilla serían Príncipes de Asturias.

E otrosí pusieron e ordenaron los dichos rey don Juan e duque de Alencastre en sus tratos que el dicho infante don Enrique oviese titulo de se llamar principe de Asturias e la dicha infanta doña Catalina, princesa.

El título de Príncipe de Asturias en adelante sería ostentado por el Heredero de la Corona de Castilla y de España.

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En los primeros tiempos de la institución de Príncipe de Asturias no fue un simple título de honor, pues el territorio asturiano les pertenecía como patrimonio. La persona a la que se le otorgaba este título podía nombrar jueces, alcaldes, etc., que gobernaban el Principado en representación de su Señor. Esta situación cambió con los Reyes Católicos, que redujeron el título de Príncipe de Asturias a una condición honorífica, carácter que se mantuvo con los reyes de la Casa de Austria y con la dinastía de los Borbones.

Además por medio de la fundación homónima, cuya presidencia ostenta, se entregan anualmente los prestigiosos Premios Príncipe de Asturias en un solemne acto en Oviedo.
 
Lista de los príncipes de Asturias
 
  • Enrique de Trastámara (1388-1390), accede al trono como Enrique III
  • María de Trastámara (1402-1405), desplazada por el nacimiento del siguiente
  • Juan de Trastámara (1405-1406), accede al trono como Juan II
  • Catalina de Trastámara (1422-1424)
  • Leonor de Trastámara (1424-1425), desplazada por el nacimiento del siguiente
  • Enrique de Trastámara (1425-1454), accede al trono como Enrique IV
  • Juana de Trastámara (1462-1464), desheredada en favor del siguiente

LaBeltraneja.jpgJuana de Trastámara, La Beltraneja

  • Alfonso de Trastámara (1464-1465/1468)
  • Isabel de Trastámara (1468-1470 /1474), desheredada en favor de la siguiente / autoproclamada reina
  • Juana de Trastámara (1470-1475 /1479), autoproclamada reina / pierde la Guerra contra Isabel
  • Isabel de Trastámara (1476-1480), desplazada por el nacimiento del siguiente
  • Juan de Trastámara (1480-1497)
  • Isabel de Trastámara (1498-1498)
  • Miguel de la Paz de Avís (1499-1500)
  • Juana de Trastámara (1502-1504), accede al trono como Juana I
  • Carlos de Austria (1506-1516), accede al trono como Carlos I
  • Felipe de Austria (1528-1556), accede al trono como Felipe II
  • Carlos de Austria (1560-1568)

Don_Carlos_de_AustriayAvis.jpgDon Carlos de Habsburgo y Avís

  • Fernando de Austria (1573-1578)
  • Diego de Austria (1580-1582)
  • Felipe de Austria (1584-1598), accede al trono como Felipe III
  • Felipe de Austria (1608-1621), accede al trono como Felipe IV
  • Baltasar Carlos de Austria (1632-1646), fallecido
  • Felipe Próspero de Austria (1658-1661)
  • Carlos de Austria (1661-1665), accede al trono como Carlos II
  • Luis de Borbón (1709-1724), accede al trono como Luis I
  • Fernando de Borbón (1724-1746), accede al trono como Fernando VI
  • Carlos de Borbón (1760-1788), accede al trono como Carlos IV
  • Fernando de Borbón (1789-1808), accede al trono como Fernando VII

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 Fernando de Borbón (un joven Fernando VII)

  • Isabel de Borbón (1830-1833), accede al trono como Isabel II
  • María Isabel de Borbón (1851-1857), desplazada por el nacimiento del siguiente
  • Alfonso de Borbón (1857-1870), accede al trono como Alfonso XII en 1875
  • Manuel Filiberto de Saboya (1871-1873), abdicación de su padre, Amadeo I
  • Isabel de Borbón (1875-1880), desplazada por el nacimiento de la siguiente

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Serenissima Domina Elisabeth Francisca Hispaniae Infans

  • María de las Mercedes de Borbón (1881-1904)
  • Alfonso de Borbón-Dos Sicilias (1904-1907), desplazado por el nacimiento del siguiente
  • Alfonso de Borbón (1907-1931/1933), deposición del monarca / renuncia dinástica
  • Juan de Borbón (1933-1941), accede a la Jefatura de la Casa Real
  • Juan Carlos de Borbón (1941-1975), accede al trono como Juan Carlos I
  • Felipe de Borbón (1977- 2014), accede al trono como Felipe VI
  • Leonor de Borbón (2014-), actual Princesa de Asturias

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 Leonor, actual Princesa de Asturias, na proclamacion de su padre, el rey Felipe VI.

Felipe VI (2014-Atualidade)

16.11.14, Blog Real

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Don Felipe de Borbón y Grecia, es el tercer hijo de Sus Majestades los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía. Nació en Madrid el 30 de Enero de 1968 en la clínica de Nuestra Señora de Loreto. Recibió en el Sacramento del Bautismo los nombres de Felipe, Juan, Pablo y Alfonso de Todos los Santos en memoria, respectivamente, del primer Borbón que reinó en España; de su abuelo paterno, el Jefe de la Casa Real Española; de su abuelo materno el Rey de los Helenos, y de su bisabuelo Don Alfonso XIII, Rey de España. Fueron sus padrinos su abuelo, Su Alteza Real Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona y su bisabuela, la Reina Doña Victoria Eugenia.

En 1981 recibió el collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro, concedido por Su Majestad el Rey don Juan Carlos, Jefe y Soberano de la Orden.
El 30 de enero de 1986, al cumplir los dieciocho años, juró ante las Cortes Generales fidelidad al Rey, desempeñar fielmente sus funciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las Leyes y respetar los derechos de los ciudadanos y de las Comunidades Autónomas, asumiendo la plenitud de su papel institucional como sucesor a la Corona.
En los años siguientes continuó sus estudios militares y universitarios. En 1993 se licenció en derecho, convirtiéndose en el primer príncipe de la Corona española que obtiene un título de licenciado universitario. A continuación inició un máster de relaciones internacionales en Estados Unidos, y, finalizado éste en 1995, regresó a España a fin de asumir plenamente sus obligaciones como heredero de la Casa Real. Desde 1996 representó a la corona española en todas las tomas de posesión de presidentes latinoamericanos. En 1997 inauguró el III Fórum Euromed y en 1998 viajó a América Central para evaluar los daños ocasionados por el huracán Mitch.
El día 1 de noviembre de 2003, Sus Majestades los Reyes anunciaron su compromiso matrimonial con Doña Letizia Ortiz Rocasolano.
La ceremonia religiosa se celebró el 22 de mayo de 2004 en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid.
Tienen dos hijas, Leonor, Princesa de Asturias, nacida el 31 de octubre de 2005, y la Infanta Sofía, el 29 de abril de 2007, ambas en Madrid.
Su padre, el Rey Don Juan Carlos I, abdicó la Corona de España y sancionó la preceptiva Ley Orgánica el 18 de junio de 2014.
El 19 de junio de 2014, Don Felipe pronunció el Juramento que recoge el artículo 61 de la Constitución y fue proclamado Rey ante las Cortes Generales, con el nombre de Felipe VI.
El Rey tiene el empleo militar de capitán general del Ejército de Tierra, de la Armada y del Ejército del Aire, máximo rango militar que le corresponde en exclusiva como mando supremo de las Fuerzas Armadas.

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Juan Carlos I (1975­-2014)

16.11.14, Blog Real

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Juan Carlos I nació en Roma en 1938, donde pasó sus primeros años. Hijo de Don Juan y nieto de Alfonso XIII, llegó a España en 1948, ya que su padre deseaba que estudiase en España, llegando a un acuerdo con Franco. En España realizará estudios militares de los tres ejércitos, así como estudios civiles.
En el 62 contrajo matrimonio con la princesa Sofía de Grecia, con la que ha tenido tres hijos (Elena, Cristina y Felipe).
El hecho de que la legislación franquista hubiese considerado a España como un reino, en el que la corona estaba vacante, hacía concebir esperanzas a Don Juan de la vuelta de la dinastía borbónica al trono español, pero, la defensa de la democracia que hacía don Juan le alejaba de esta posibilidad.
Sin embargo, en 1969 don Juan Carlos fue designado sucesor del general Franco, asumiendo en ese momento el título de príncipe. Sin embargo, la legislación que dejaba Franco hacía difícil cualquier cambio, de hecho se preveía que fuesen las instituciones franquistas las que gobernasen tras la muerte de Franco.
La muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975 supuso el nombramiento de Juan Carlos como rey de España por las Cortes, el día 22, siendo proclamado con el nombre de Juan Carlos I. En 1977, Don Juan renunciará a sus derechos históricos al trono de España a favor de su hijo.
Durante esos dos años, Juan Carlos I impulsó una reforma democrática del país, pero respetando las instituciones franquistas. El lema era no quebrantar la ley para conducir el país a la democracia, de forma que no se pudiese hablar de un nuevo golpe de Estado, o de una suplantación de poderes. Eso ralentizó el proceso y exigió innumerables negociaciones, hasta conseguir que las propias cortes franquistas, aprobasen la convocatoria de elecciones
democráticas, la libre creación de partidos políticos y su propia disolución, para que se pudiesen constituir nuevas cortes, que tendrían la misión de elaborar una nueva constitución.
Las primeras elecciones fueron ganadas por la UCD, siendo nombrado presidente de gobierno Adolfo Suárez, creándose una comisión de siete expertos que elaboraron una propuesta de constitución basada en el consenso, lo que supuso que algunos aspectos quedasen poco concretados en aras del consenso y la unidad. La constitución será votada en referéndum el 8 de diciembre, entrando en vigor el 29 de diciembre.
Para la monarquía la constitución suponía la renuncia a todas sus funciones, equiparándose al resto de monarquías parlamentarias de Europa, simbolizando la unidad del Estado, sancionando y promulgando la leyes, nombrando al candidato a presidente de gobierno elegido por las Cortes.
Relevante fue su papel en el intento de golpe de Estado del 23 de Febrero de 1981, en el que el rey se puso a la cabeza en la defensa del orden constitucional, en un momento en que los representantes políticos elegidos por el pueblo, se encontraban retenidos en el Congreso por el teniente coronel Tejero.
Su importante labor en la democratización del país, y su carácter afable y cercano al pueblo, le ha granjeado el cariño y respeto del pueblo español, además de haberse convertido en el mejor embajador de España en el extranjero donde también goza de un enorme prestigio, respeto y reconocimiento. De hecho su papel en la transición democrática, así como la misma, son ejemplos para otros países.

El 2 de junio de 2014, anunció su abdicación de la corona de España. El 19 de junio de 2014 le sucedió su hijo, Felipe, tras la aprobación de la Ley Orgánica 3/2014, de 18 de junio, por la que se hace efectiva la abdicación de Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I de Borbón, tal y como establece el artículo 57.5 del texto constitucional.

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Alfonso XIII (1886-1931)

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Alfonso XIII. Madrid, 17.V.1886 – Roma (Italia), 28.II.1941. Rey de España.

Hijo póstumo de Alfonso XII y de su segunda esposa, M.ª Cristina de Austria, recibió en la pila bautismal los nombres de Alfonso, León, Fernando, María, Santiago, Isidro, Pascual, Antón. Le apadrinaron el papa León XIII —representado por el nuncio, cardenal Rampolla— y la infanta doña Isabel, su tía.

Nació Rey, pero no asumió sus poderes en cuanto tal hasta alcanzar la mayoría de edad marcada por la Constitución, el 17 de mayo de 1902. Ejerció la regencia durante su minoría, con pulcritud intachable, la Reina viuda, su madre.

Su educación estuvo marcada por la orientación militar: militares, fundamentalmente, integraron su Cuarto de Estudios, formado en 1896, bajo la presidencia del general Sanchiz, aunque en él tuvo lugar destacado su profesor de Derecho Constitucional y Administrativo, el ilustre jurista Vicente Santamaría de Paredes.

El jesuita Fernández Montaña se encargó de su formación religiosa.

Los ingenuos diarios escritos por el Rey niño en vísperas y en los inicios de su reinado revelan el impacto que en don Alfonso supuso la experiencia del Desastre: de aquí que haya podido decirse de él que fue “la conciencia del 98 en el trono”. La primera etapa de su reinado personal (1902-1907) coincidió con la crisis de jefatura en los partidos dinásticos. La rivalidad entre los posibles herederos de Cánovas y de Sagasta sólo quedó resuelta entre 1905 y 1907 con la designación de Antonio Maura, como jefe del Partido conservador, y la de Segismundo Moret, como jefe del Liberal. De aquí la fugacidad de los primeros gobiernos designados por el joven monarca, lo que daría pie al maligno apelativo de “crisis orientales” (en alusión al Palacio de Oriente), que acusaban injustamente a don Alfonso de manipulador de las distintas facciones políticas, para prevalecer sobre ellas.

En 1904, durante un primer gobierno Maura, éste llevó al Rey a Barcelona, viaje que constituyó un gran éxito personal del Rey y de la Monarquía, pero no contribuyó a que don Alfonso captase el sentido integrador de la naciente Lliga Regionalista: el acendrado españolismo del Rey estuvo siempre matizado por un castellanismo a ultranza que no le permitía entender el catalanismo como potenciador de una gran España, según lo concebían Prat de la Riba y Cambó.

Desde 1905 se iniciaron sus viajes por Europa (su visita a París quedó marcada por el primer atentado sufrido por don Alfonso, junto con el presidente Loubet, y del que ambos salieron ilesos). Estos viajes, multiplicados por el monarca a lo largo de su reinado, harían de él el más cosmopolita de los reyes españoles desde los días de Carlos I, y un gran experto en la política internacional de su tiempo.

En esta línea, siempre se esforzó en recuperar para España “un lugar bajo el sol”, apoyándose sobre todo en una Inglaterra que en los comienzos de su reinado se hallaba enfrentada con Francia tras la crisis de Fashoda; las bodas hispano-británicas de 1906, de las que se trata a continuación fueron muy importantes a este propósito. La conferencia de Algeciras había asegurado una posible zona de influencia para España en Marruecos; las entrevistas de don Alfonso con Eduardo VII en aguas de Cartagena (1907) le permitieron salvar la situación de las Canarias, en las que ya habían puesto sus miras los alemanes, y en general proteger las costas españolas, en tanto reconstruía España sus fuerzas navales —gracias a la Ley de 1908, que dio paso a la creación de una escuadra moderna.

El 31 de mayo de 1906 había contraído matrimonio con la princesa británica Victoria Eugenia de Battenberg, nieta de Victoria I hija de la princesa Beatriz y de Enrique de Battenberg. Al retorno de la ceremonia, celebrada en la madrileña iglesia de San Jerónimo, el cortejo nupcial se vio ensangrentado por la bomba que el anarquista Mateo Morral le lanzó desde un balcón de la calle Mayor. Aunque la pareja real salió indemne, el atentado causó numerosas víctimas que ensombrecieron el acontecimiento.

En este matrimonio coincidían el interés diplomático, según ya se ha señalado, y la elección sentimental, pero pronto se nublaría la felicidad doméstica de los esposos al detectarse la hemofilia en el primogénito, el príncipe Alfonso, nacido en mayo de 1907.

En 1908 vino al mundo el infante don Jaime, libre de esta dolencia, pero que, a consecuencia de una mastoiditis mal curada, padecería siempre de sordomudez, apenas paliada por una esmeradísima educación.

De los cuatro hijos restantes —dos mujeres, Beatriz (1910) y Cristina (1911)—, sólo el menor, Gonzalo, se vería afectado también por la hemofilia. Felizmente, la continuidad dinástica quedaría garantizada en la persona de don Juan, nacido en 1913 y perfectamente sano.

Esta desgraciada situación distanciaría a la larga a los regios cónyuges. De aquí la evasión del Rey en aventuras extramatrimoniales, aunque sólo una de ellas revistió relativa importancia: la que le unió, en los años veinte, a la actriz Carmen Ruiz Moragas, de la que tuvo dos hijos.

La segunda etapa del reinado (1907-1912) había registrado los dos grandes empeños regeneracionistas que, desde la vertiente conservadora asumió Maura, y desde la de un liberalismo democrático desplegó José Canalejas. El gobierno del primero naufragó en 1909 a raíz de los sucesos que, como réplica a la guerra de Melilla, ensangrentaron Barcelona (Semana Trágica), y cuya represión subsiguiente (fusilamiento del anarquista Ferrer Guardia) suscitó una desaforada campaña antimaurista y antiespañola, orquestada por las izquierdas europeas, y que en España se tradujo en la ruptura del Pacto del Pardo, al declararse el jefe del Partido liberal, Moret, incompatible con Maura.

Este último no perdonaría nunca al Rey la inevitable crisis que le apartó del gobierno, aunque la única alternativa posible hubiera sido una dictadura maurista de difícil salida. Tras un breve gobierno de Moret, Canalejas, con una notable gestión de efectiva orientación democrática y de apertura social, iniciada en 1910, se esforzó en restaurar la normalidad constitucional, pero el crimen que acabó con su vida en 1912 aceleró la descomposición de los partidos y el ocaso del turnismo (a su vez, el propio Rey sería objeto de un nuevo atentado en 1913, del que salió ileso por fortuna).

Al estallar la Primera Guerra Mundial (1914), Alfonso XIII afirmó la neutralidad española, respaldado por el entonces jefe del Gobierno, el conservador Eduardo Dato. Esta paz en la guerra propició una coyuntura excepcional a los mercados españoles —lo que sería determinante del notable salto hacia el desarrollo experimentado por el país en este reinado—, y, de otra parte, permitió al Rey entregarse a una extraordinaria labor humanitaria abierta a los dos campos combatientes, lo que le valdría un prestigio insólito a la hora de la paz, borrando la imagen negativa de España provocada por la ferrerada en 1909: el homenaje rendido a los Reyes en Bruselas, en 1922, hizo patente esta feliz realidad.

En este mismo año, la famosa expedición a las Hurdes —comarca que resumía todas las viejas lacras de la llamada “España negra”— ilustró la otra preocupación regeneracionista de don Alfonso; y la fundación del Patronato Real de las Hurdes daría continuidad a aquella expedición redentora, sugerida por Gregorio Marañón, que hubo de reconocer en el gesto del Rey “el comienzo de una reconquista del propio suelo descuidado durante siglos y que comienza valerosamente en el propio corazón de la miseria nacional”.

Sin embargo, las salpicaduras de la gran conflagración y de sus derivaciones —la Revolución rusa, la eclosión de los nacionalismos—, llegaron a España con las perturbaciones internas de 1917: iniciativas anticonstitucionales del nacionalismo catalán (asamblea barcelonesa de parlamentarios) y huelga revolucionaria de agosto. Aunque Dato, jefe del Gobierno en aquellos momentos, consiguió superar ambos conflictos sin derramamiento de sangre, la llegada de la paz exterior tuvo dos graves contrapartidas en España: por una parte, la radicalización de los nacionalismos insolidarios, en Cataluña y en el País Vasco; por otra, la recesión económica debida al cierre de los mercados exteriores, al reconvertir los países beligerantes su economía de guerra a una economía de paz. Lo cual a su vez agudizó los conflictos sociales, que en Cataluña tomaron el carácter de una “guerra social”, culminante en la huelga de La Canadiense (1919). Aunque la debilidad de los viejos partidos fue paliada por el Rey con la nueva modalidad de los “gobiernos de concentración”, ello sólo permitiría poner de manifiesto la capacidad de estadista del catalán Francisco Cambó. Pero la grave crisis de fondo —que costó la vida, pese a sus notables iniciativas de reforma social, a Eduardo Dato, asesinado por los anarquistas en 1921—, vino a doblarse ahora con el problema de Marruecos, esto es, la necesidad de fijar sólidamente el protectorado reconocido a España mediante el acuerdo hispano-francés de 1912, en función de los acuerdos de la Conferencia Internacional de Algeciras (1906). La imprudencia e imprevisión del comandante general de Melilla, Fernández Silvestre, en su empeño de alcanzar la posición clave de Alhucemas, provocaron (julio de 1921) un desastre de enormes proporciones (Annual), frente a la rebelión del caudillo rifeño Abd el-Krim.

La apertura del llamado “expediente Picasso” (por el general que lo instruyó), para fijar las responsabilidades derivadas del Desastre —que el socialista Indalecio Prieto se esforzó en que salpicaran al propio Rey— fue un ingrediente más de la inestabilidad generalizada, reverdeciendo la inquietud de jefes y oficiales —agrupados estos últimos, desde 1917, en las llamadas “juntas de Defensa”—. La llegada al poder de una coalición liberal de amplio espectro, presidida por García Prieto, no resolvió nada, y en septiembre de 1923 se produjo en Barcelona el golpe de Estado del general Primo de Rivera, que, acogido con entusiasmo por la mayoría del país —incluido, muy significativamente, el sector intelectual animado por Ortega y Gasset desde El Sol—, y ante la impotente pasividad del Gobierno, fue aceptado por el Rey (día 13). Aunque luego se acusaría a don Alfonso de haber sido el auténtico artífice del golpe, las fuentes documentales han desmentido irrefutablemente tal supuesto, que sostuvieron con alardes de escándalo Blasco Ibáñez en Francia y Unamuno en España.

La dictadura aportó, de hecho, una pacificación social y un gran éxito exterior, el acuerdo con Francia que, tras el brillante desembarco en Alhucemas, permitió poner fin a la guerra de Marruecos (1927). En una segunda fase (Directorio Civil) llevó a cabo una impresionante labor de modernización de las infraestructuras viarias y un notable impulso a la economía (recogiendo el inicial balance favorable de la neutralidad española durante la Primera Guerra Mundial).

Pero cometió dos graves errores, enfrentándose con el nacionalismo catalán —supresión de la Mancomunidad—, y con el Arma de Artillería —a la que quiso imponer la llamada “escala abierta”—. Y dilató excesivamente la solución del problema político —una posible reforma constitucional que tardíamente intentó sin éxito mediante la asamblea consultiva convocada en 1927—. Desalentado en 1929 ante las primeras salpicaduras de la crisis de Wall Street, y sintiéndose desasistido por el sector militar, tras una disparatada consulta a sus mandos, el dictador acabó presentando su dimisión al Rey.

El fracaso de la dictadura hizo a don Alfonso víctima de dos ofensivas: la de los representantes de la vieja política, resentidos con su presunta “traición” de 1923, y el de los defensores de la dictadura, que no le perdonaron el “cese” de Primo —fallecido en París apenas transcurridos dos meses—. A esa ofensiva se sumaron de forma decisiva los mismos intelectuales que en 1923 habían aplaudido el golpe militar. El intento de reconstruir el viejo orden constitucional, empeño en que fracasó el general Berenguer —que hubo de habérselas con el pronunciamiento republicano de Jaca—, desembocó en un último gobierno de concentración, presidido por el almirante Aznar, que apeló a una consulta electoral cuyo primer tramo (las elecciones municipales el 12 de abril de 1931) se interpretó por republicanos y socialistas —y por el propio presidente del Gobierno— como un referéndum perdido por la Monarquía. Decidido a evitar derramamientos de sangre, Alfonso XIII decidió exiliarse (14 de abril de 1931).

De su reinado ha podido decir Laín Entralgo: “El Rey se fue, y con él se hundió la Monarquía de Sagunto [...] Pese a tantos y tan graves contratiempos vividos en su tiempo [...], el progreso de España durante su reinado fue, sin exagerar una tilde, sensacional [...]”, lo fue tanto en el despliegue demográfico como en la notable aproximación al desarrollo económico- social, pero sobre todo en el plano cultural, a través de tres generaciones intelectuales extraordinarias —la del 98, la del 14 y la del 27—, cauce de una “edad de plata”, o —según otros críticos— de una “segunda edad de oro”.

El escritor Vilallonga ha trazado una semblanza personal de Alfonso XIII que parece bastante ajustada a lo que fue, como hombre y como rey, don Alfonso XIII: “El Rey de España se hubiera equilibrado con una crítica prudente y tranquilizadora. Era un hombre de una inteligencia razonable, afable, cortés, profundamente recto, prefiriendo de mucho a la lectura y al estudio el galope de un caballo y la caza de un faisán. Como todo hombre de su época nacido en buena posición, era naturalmente y sin esfuerzo un liberal. También era —eso sobre todo— un aristócrata-tipo, descendiente de una raza muy antigua, de un valor desconcertante, demasiado escéptico para no estar desengañado y siempre con un toque de tristeza en su mirada, frecuentemente ausente”. Semblanza que conviene completar con la que dedicó a don Alfonso en su libro Figuras contemporáneas, Winston Churchill: “Se sintió [...] el eje fuerte e indiscutible en torno al cual giraba la vida española [...] es [...] como estadista y gobernante, y no como monarca constitucional siguiendo comúnmente el consejo de sus ministros, como él desearía ser juzgado, y como la Historia habrá de juzgarle [...]”.

En el exilio, centrado primero en Francia, y repartido luego entre Roma y Lausanne (la Reina, por su parte, acabó por marchar a Londres: se había llegado a un acuerdo de separación informal entre los regios cónyuges), Alfonso XIII hubo de reordenar la sucesión al trono, mediante la renuncia de sus hijos Alfonso y Jaime a favor de don Juan —que había ultimado su carrera de marino en la Escuela Naval británica (1934)—. Aquéllos contrajeron matrimonios morganáticos —don Alfonso con Edelmira Sampedro, y don Jaime con doña Enmanuela Dampierre.

Don Juan casaría, a su vez con doña María de las Mercedes de Orleáns-Borbón—. Apoyó, al estallar la guerra civil, al sector llamado nacional, dado que la revolución proletaria, desencadenada ya desde la llegada del Frente popular al poder, apuntó esencialmente sus tiros contra la Monarquía y contra la Iglesia. Pero cuando, terminado el conflicto, se vio rechazado por los franquistas, dado el carácter liberal que había tenido su reinado, y por el hecho de que su declarada aspiración, si volvía al trono, era lograr “la reconciliación de las dos Españas” decidió abdicar sus derechos en su hijo don Juan, de quien esperaba que un día llegase a reinar sobre “todos los españoles”.

Un mes más tarde (28 de febrero de 1941) fallecía en un Hotel de Roma. Se había reconciliado con la reina Victoria, que le asistió en sus últimos días. Enterrado en la iglesia romana de Montserrat, sus restos no volverían a España hasta 1980, reinando su nieto don Juan Carlos.

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 O Rei Alfonso XIII no funeral do Rei Edward VII do Reino Unido em Maio de 1910 junto a outros monarcas da Europa.

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