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Monarquia Española

Monarquia Española

15/11/14

Reyes Católicos (1474­-1516)

Isabel I de Castilla (1474-1504) y Fernando II de Aragón y V de Castilla (1474-1516)

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Isabel la “Católica”, es Isabel I de Castilla, el título de católica (que le había concedido el papa Alejandro VI Borgia tras la conquista de Granada) oculta su verdadero nombre. Isabel era hija de Juan II, rey de Castilla, y de la segunda esposa de éste, Isabel de Portugal. Sin embargo, no era Isabel la heredera del trono de Castilla, sino su hermano Enrique IV.
Enrique IV encontró, sin embargo, una fuerte oposición por parte de la nobleza que trató de derrocarle para poner en el trono a su hermana Isabel. Isabel, sin embargo, prefirió pactar con su hermano en lo que se conoce como el pacto de los Toros de Guisando, por el cual Isabel se convertía en princesa de Asturias y heredera al trono a la muerte de Enrique IV, en menoscabo de la hija de Enrique IV, Juana, a la que se apodaba la Beltraneja, aludiendo a que no era hija de Enrique IV, sino de don Beltrán de la Cueva.
La nueva situación de Isabel, convertida en heredera de Castilla, hizo que reyes o futuros reyes ansiasen su mano. Los dos candidatos con más posibilidades eran el rey de Portugal, Alfonso V, y Fernando, hijo del rey de Aragón Juan II, con quien terminaría casándose, mientras que el rey de Portugal se casó con Juana, la hija de Enrique IV.
Fernando el Católico, es decir, Fernando V de Castilla y II de Aragón, nació el 10 de Mayo de 1542, en un pueblo zaragozano llamado Sos. Hijo de Juan II de Aragón y de Juana Enríquez, ésta última de la familia de Trastámara, emparentada con el rey de Castilla Enrique IV. Esta parentela convertía a Fernando en primo de Isabel, lo que obligó, para su boda, a solicitar una dispensa papal, que recibieron en forma de bula firmada por el Papa Calixto, aunque en realidad había sido falsificada por el Obispo de Segovia.
Fue precisamente la boda entre Fernando e Isabel, el 19 de Octubre de 1469, realizada sin el consentimiento de Enrique IV y a sus espaldas, lo que llevó al rey castellano a anular lo pactado en los Toros de Guisando declarando a su hija Juana heredera al trono de Castilla.
La muerte de Enrique IV en 1474, provocará una lucha entre los partidarios de Juana y los de Isabel, una auténtica guerra de sucesión, y que enfrentó no sólo a la nobleza castellana, sino a toda la península ibérica, al contar Isabel con el apoyo de su marido, el rey de Aragón, y Juana con el del suyo, el rey de Portugal.
La guerra terminaría tras la derrota de los partidarios de Juana la Beltraneja y el ejército portugués, con la firma del tratado de Alcaçovas el 4 de Septiembre de 1974, con el que Juana, no sólo renunciaba a sus derechos, sino que además era recluida en un convento de Santa Clara en Coimbra, con lo que quedaba impedida para reinar.
Durante este período de lucha, Isabel fue reconocida reina de Castilla el 14 de Diciembre de 1474, mientras que al año siguiente, firmaría con su marido la llamada Concordia de Segovia, en la que se determinaban las funciones de gobierno de cada uno, de donde surgirá la frase “tanto monta, monta tanto”. Según este pacto, Isabel se encargó, prioritariamente, de la política interior y religiosa, mientras que Fernando asumió la política exterior.
Por otro lado, Fernando había sido proclamado rey de Sicilia en 1468, a la vez que, en 1474 fue nombrado rey de Castilla como consorte de Isabel, y en 1479 fue proclamado rey de Aragón, aunque hasta 1481 no sería jurado por la Cortes de Calatayud, Cataluña y Valencia, como era el uso en la época, jurando respetar y mantener los fueros y los privilegios de cada uno de los reinos que heredaba. A la vez, durante este período consiguió poner fin a las luchas de los campesinos en Cataluña.
Con los Reyes Católicos se inicia la unidad de España, que culminará con la llegada al trono de los Borbones. Sin embargo, su política no consistió sólo en esta unificación sino que, por un lado acabaron con el Estado Medieval haciendo retroceder el poder nobiliar y creando el Estado Moderno, y por otro ampliaron el poder de sus reinos en el mundo, convirtiendo a España en una potencia de primer orden en aquella época.
En ese proceso de creación del Estado Moderno, los Reyes Católicos acometieron una reorganización de las Cortes de Toledo, disminuyendo su poder en beneficio del Consejo de Estado, recopilaron las Ordenanzas reales de Castilla e introdujeron letrados en el gobierno en detrimento de la nobleza, que se convirtieron en un grupo leal a la monarquía: Estos nuevos letrados ocupan cargos en el Consejo de Estado, en alcaldías, chancillerías, audiencias y corregidurías. Si bien se disminuía el poder de la nobleza en el gobierno, se consolidó, por otro lado, el régimen señorial. Se organizó también la Santa Hermandad, como medio de afirmar la autoridad real en todos los municipios y villas, a modo de cuerpo de seguridad encargado del mantenimiento del orden y la paz, y del cumplimiento de la ley.
Fundamental en este proceso de unificación y creación de un Estado, resultó la búsqueda de la unidad religiosa, que se impulsó mediante la expulsión de los judíos, y de los moriscos de Granada, además se estableció un férreo control sobre los conversos, creándose en 1478 la llamada “Santa Inquisición” que, progresivamente asumió competencias en todo el reino, convirtiéndose en un instrumento fundamental de persecución judicial. Junto a estas medidas, la selección de los obispos y la reforma del clero, ayudó en este proceso y convirtió a la iglesia en fiel aliada de la monarquía.
Sin embargo, más llamativa ha resultado la política exterior y de conquista de nuevos territorios. Por un lado, los Reyes Católicos culminaron el proceso de reconquista iniciada siete siglos antes. En 1492 se puso fin al dominio árabe en la península con la conquista de Granada. En ese mismo año se autorizó y financió el viaje de Colón en busca de las Indias, que desembocaría en el descubrimiento de un nuevo continente y la apertura de una inmensa área de expansión que alcanzaría su cenit con Felipe II. En 1493, Fernando logró recobrar el Rosellón y la Cerdaña, y empezó a buscar la manera de aislar a Francia, organizando en 1495, la Liga Santa, con el fin de frenar el expansionismo francés en Italia, contando con el apoyo de Inglaterra y los reinos Italianos. Las campañas en Italia, protagonizadas por el Gran Capitán, resultaron victoriosas para los Reyes Católicos, concediendo el Papa en 1510 el dominio definitivo del reino de Nápoles. En 1509 se organizaron por el Cardenal Cisneros una serie de campañas en el Norte de África, que
supuso la conquista de Orán, Bujía y Trípoli. Por último, en 1512, Fernando conquistó Navarra y la incorporó al Reino de Castilla.
Junto a estas conquistas, Isabel y Fernando, cuidaron las relaciones exteriores mediante una hábil política matrimonial:
- Isabel casó con don Alfonso de Portugal (conocido como Alfonso el Africano, por sus campañas en África,) y a la muerte de éste casó con su sucesor, Manuel el Afortunado.
- María, casó con Manuel el Afortunado, cuando este quedó viudo de Isabel hermana de María.
- Juán con Margarita de Austria, hija del Emperador Maximiliano.
- Juana (la que con el tiempo será apodada “la Loca”), con Felipe de Austria (Felipe el Hermoso) de quién nacerá el príncipe Carlos, futuro rey de los reinos peninsulares.
- Catalina, con Enrique VIII, de la que se divorciaría a pesar de la oposición del Papa, por la falta de descendencia masculina, lo que provocó la escisión de la iglesia anglicana.
Isabel muere el 26 de noviembre de 1504, en Medina del Campo, quedando su hija Juana como heredera del trono, y Fernando como regente. No obstante las presiones de Felipe el Hermoso, obligaron a Fernando a abandonar la regencia, que quedó en manos de Felipe, aunque por poco tiempo, ya que la muerte de Felipe en 1507 y la locura de su hija Juana, hizo que volviera a hacerse cargo de la regencia, por petición del Cardenal Cisneros que había asumido la regencia temporalmente.
En ese momento Fernando se había casado por segunda vez, con Germana de Foix, y permaneció como regente hasta su muerte, el 23 de Enero de 1516, heredando todos los reinos Carlos I, aunque, hasta la toma de posesión de éste, actuó como regente el Cardenal Cisneros.

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